Bien dijo Toro Ito que no hay mejor arquitectura posible que la de un árbol.

Enraizados firmemente en el suelo, los árboles se yerguen siempre con un porte que impresiona a quien los observa. Y, tal vez, el aspecto más fino y memorable de su arquitectura es aquel que no nos es visible. Se trata de sus raíces, que tejen complejas estructuras para comunicar al árbol con otros, aprovechando los filamentos de la micorriza —las raicillas de los hongos.

Bien han sugerido, algunos grandes de la arquitectura, que los árboles son maestros, además de fuente inagotable de inspiración. Y en sitios como Tepoztlán, donde habitan árboles muy antiguos y sagrados, es común que la arquitectura del espacio público y privado se deje guiar por la presencia de estos frondosos gigantes.

¿Y cuáles son estos árboles icónicos que con su presencia no solo configuran el plano, también lo embellecen?

Gaudí decía que su maestro era el árbol que tenía delante; yo también pienso que nunca podremos hacer una arquitectura mejor que la de un árbol.

— Toyo Ito, arquitecto (Japón, 1941)

Tabachín (Delonix regia)

Nativo de Madagascar, el Tabachín ha encontrado un lugar esencial en el paisaje, el corazón y la cultura del centro de México y puede ser visto con frecuencia habitando los exuberantes jardines de Tepoztlán. Es notable, sobre todo, porque en verano florece de naranja y vibrante rojo. 

El tabachín prefiere climas calurosos y húmedos, pero resiste bien los tiempos de lluvia y las inundaciones y también la temporada de secas. De hecho, florece más efusivamente cuando los cielos tepoztecos se despejan y el sol brilla. 

En nuestro país es significativo, no solo por sus colores y su generosa sombra, también porque al árbol se asocian propiedades medicinales antibacterianas, antifúngicas, antiinflamatorias, antimicrobianas y para tratar enfermedades asociadas al sistema gastrointestinal. 

En la “Casa del Tabachín”, una elegante propiedad de ladrillo en la zona residencial de la Colonia del Carmen, se encuentra, plantado en el patio, un imponente árbol que le da nombre a la casa, para honrar su esplendor. Descubre más sobre la propiedad aquí.

Amate (Ficus insipida)

El amate es posiblemente, el árbol más importante para las culturas del centro del país. Esta belleza se distingue por crecer en terrenos rocosos, muchas veces con sus abundantes raíces expuestas y por presumir troncos anchos y de formas caprichosas. 

Hay una preciosa tradición artesanal —antigua, pero activa— que aprovecha la pulpa de la corteza de este árbol para fabricar un hermoso papel que se utiliza para pintar, escribir o imprimir motivos simbólicos, que aluden a la cosmogonía local.  

Pero el papel amate no es la única forma que los antiguos habitantes de esta tierra pusieron en práctica para aprovechar las bondades de este árbol. La savia del amate se utiliza aún en algunas comunidades como desparasitante.

En el “Rincón del Amate”, preciosa propiedad de lujo ubicada en el Valle de Atongo, habita un amate de 100 años de antigüedad. Además, la preciosa casa de adobe, con una impresionante sala de doble altura, se encuentra inmersa en un gran jardín maduro. Descubre más sobre la propiedad aquí.

“El Amate”, otra propiedad de lujo encontrada en la misma zona, presume vistas espectaculares de los cerros y, junto a la casa, hay un espectacular árbol que redondea el paisaje arquitectónico. Descubre más sobre la propiedad aquí.

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Ceiba o pochote (Ceiba pentandra)

La ceiba es uno de los árboles más grandes de la región tropical de América. En condiciones ideales llega a crecer hasta 40 metros de altura y puede tener un diámetro de 3 metros. Por otro lado la ceiba sobrevive bien en distintos tipos de suelo y climas, aunque prospera en suelos de piedra caliza, de piedra volcánica, como Tepoztlán. 

Acá a la ceiba la conocemos como “pochote”, nombre que deriva del nahuatl “pochotl”. Es un árbol muy querido en México, destaca el inmenso culto que se le ofrece entre los mayas de la Península de Yucatán, donde la llaman Ya’ax’che, y se le considera un árbol sagrado, que representa la conexión de nuestro mundo con otros planos: el cielo, la tierra y el inframundo.  

La ceiba o pochote es bien apreciada por sus propiedades medicinales. La corteza y las hojas se utilizan para sanar heridas, tratar el acné, aliviar reumas, enfermedades intestinales, dolores por golpes y de muelas, quemaduras, entre otros. 

Particularmente en Tepoztlán, las espinas de la corteza de la ceiba se utilizan para fabricar las hermosas “casitas de pochote”: figuras arquitectónicas en miniatura talladas por ambiciosos y experimentados artesanos, que suelen venderse como recuerdo a los viajeros, tras su paso por estas tierras.

«Conjunto la Ceiba» es un hermoso condominio en el Valle de Atongo. Al centro del espacio se encuentra una de las ceibas más hermosas y frondosas de Tepoztlán. Descubre más sobre la propiedad aquí.

«Quinta la Ceiba», también ubicada en el Valle, es una increíble propiedad de lujo que presume una imponente ceiba en su lindo jardín. Descubre más aquí.

 

 

 

Fuentes: CONAFOR, CONABIO, Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C. (CICY). https://www.naturalista.mx/.